Ella tenía una maceta de flores rojas en la cabeza y un vestido de tela delicada, a juego, de motivos florales. No sé exactamente qué edad podría tener, pero cantaba canciones de tiempos lejanos y tierras lejanas. Álvaro estaba vestido de negro, sentado en una mesa de madera de Café Lyric. A grandes rasgos, es la impresión que puedo contar. Una mujer que se contoneaba con maestría, coqueteando con el público, arrancando a veces la risa, a veces el aplauso. Cautivando a los presentes, con el timbre de su voz, con la expresión de sus gestos, me atrapó a mí también, y pregunté a mi amiga K, sentada en frente de Álvaro, a mi lado, para que contara y tradujera el significado de las canciones. “Está recorriendo uno a uno, todos los amantes que han cruzado su camino. Nos ha invitado a acompañarla y a que imaginemos que viajamos con ella y con el pianista, en el tren transiberiano, pues esta mujer es rusa y canta el folklore de su tierra”. Cuando terminaba una canción, la artista cambiaba de sombrero y dejaba la maceta de rosas, se colocaba una taza y un plato, o un juego de flores. Ligaba con el pianista, que presidía el Café, tal y como un maestro organista en una iglesia. Los bancos para los fieles eran las mesas de los clientes, el altar, el piano, las imágenes religiosas, los carteles de artistas en blanco y negro. Incluso teníamos una vela en cada mesa. Y también se pasó una cesta para dejar propina.
Afuera estaba anocheciendo. Un perro negro recostado en la entrada del Café, nos guardaba del exterior, aunque la calle estaba muy tranquila. Las ilustraciones de Álvaro también tienen parecido con la iconografía religiosa. El color dorado, la expresión y el sentimiento. Yo, como dije, no entiendo gran cosa de arte. Pero sí veo la impresión que deja la belleza, por eso me gustaría aprender y dejar de escribir así, a golpe de impresión. Me he permitido escribir como si Álvaro y la galería en blanco pudieran leer esto e imaginar a la vez una escena. Me temo que he conseguido solo en parte una transmisión. Comunicar es un arte también, o una herramienta. A veces la gente se cree que el ser humano es el único capaz de comunicar, pero no es cierto. Estamos de paso, una milésima de segundo, en el planeta, mientras que otros habitantes, como las aves, nos llevan mucho tiempo de ventaja. En el Museo de Ciencias Naturales de Berlín, se puede admirar el esqueleto de un ave prehistórica, que es el antepasado de estos pardales que comen miguitas de pan en el suelo. Estos vecinos no se comunican con nosotros, pero hemos aprendido a entender su sistema de vida, más o menos predecimos datos por el ritmo de vuelo o por la formación de una bandada. Lo mismo con el arte de la cantante rusa, lo mismo con las ilustraciones que la galería en blanco expondrá dentro de poco tiempo, lo mismo con este texto. ¿Qué quisimos comunicar? ¿Lo hemos conseguido? ¿Alguien podrá leer y traducir todos nuestros signos? La cantante, me dijo mi amiga K, tiene un contrato con la BBC, ahí es nada, para grabar un programa de radio cuyo contenido será el análisis del folklore báltico. Recorrerá aquellos países, sin amantes en el vagón del tren, pero con ancianitas y ancianitos que le hablarán verdaderamente para iluminar con historias y mitos. Merece la pena tanto todo lo que hacemos que incluso lo grabamos en programas de radio, o insisto, hay gente, que elige un espacio en la orilla de una calle llena de vida, traza líneas y fija ritmos de trabajo, a la galería le merece la pena dar significado y llenar de motivación al artista. Como molaría vivir en el Renacimiento y tener un mecenas. Lamentablemente, vivimos hoy y tenemos crisis.
Colofón. La galería va a exponer, parte de la obra de Álvaro. El blanco neutral vuelve a brillar. Let it be.
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merce yo si que me he imaginado una escena como la que has escrito...
ResponderEliminarme ha encantado el texto!